Crónica sobre aula-ritual de la Universidad Indígena Aldeia Maracaná

14 de febrero 2015, Rio de Janeiro

           
Un día soleado de febrero del 2015, en vísperas del carnaval de Rio de Janeiro, tan esperado por todos, se convocó a participar en una aula-ritual de resistencia, dentro del campus de ciencias exactas e ingenierías de la Universidad Federal Fluminense. Hay dos construcciones indígenas tradicionales llamadas Ocas dentro de este campus, construidas por indígenas de las etnias guaraní y del Alto Xingú con una belleza y una complejidad arquitectónica única. La Oca guaraní construida en 2011 y la Oca Xingú en 2014 fueron construidas en el marco de dos tentativas de crear puentes de comunicación entre la cultura viva indígena y la institución académica (más detalles aqui). Hoy se encuentran en peligro de ser destruidas para construir en su lugar algún edificio moderno.



 La presencia de una Oca indígena en el espacio universitario, simboliza no solo la memoria de un pueblo indígena, sino sobre todo, la posibilidad de abrir un espacio (aunque mínimo) a la cultura indígena actual, a su cosmovisión y lógica particulares, a los saberes ancestrales que en general quedan fuera del espacio universitario; esto porque la visión de la educación en nuestras sociedades “modernas” está basada en una concepción de la ciencia occidental, que en realidad fue impuesta desde la época de la colonia para legitimar la opresión y la explotación de los pueblos y de la tierra en el continente americano. 
Un grupo de estudiantes de la UFF y de la propia universidad indígena Maracaná, guiados por el profesor indígena Ash Ashaninka, nos reunimos en el patio del campus universitario donde se encuentra la Oca guarani. El aula consistió en la vivencia del ritual de encantamiento de la floresta, dedicado al espíritu de Wiracocha (pachamama). Con el objetivo de llamar a la energía y la fuerza del espíritu de Wiracocha, nos dispusimos a preparar el Rapé, que es una mezcla de cenizas de plantas, raíces y tabaco que se usa como medicina física y espiritual inhalándolo por la nariz.
Una experiencia simple y maravillosa. Sentir la planta de tabaco en las manos y después transformarla en cenizas. Toda la energía de un grupo de personas reunidas en ese lugar para abrir su mente a otras posibilidades, para recibir las enseñanzas ancestrales de un guerrero Ashaninka sobre su cultura, para hacerla nuestra también.
 Se trata de un proceso que implica paciencia y resistencia, valores que son esenciales para entender el mundo indígena y su conexión con la naturaleza. Una oportunidad de reafirmar la lucha digna y justa por el respeto y el reconocimiento a nuestra ancestralidad indígena, a nuestras diversas formas de concebir el mundo, a nuestros espacios y tiempos de convivencia con los otros, a los rituales dedicados a la búsqueda de la armonía con la naturaleza. Más allá del lado cósmico, el ritual de hechura de rapé abre la conciencia para comprender el caos, entender el movimiento y la relación entre las cosas de la tierra y las cosas del espíritu. Estar presente en cuerpo y espíritu, son parte de las enseñanzas del pueblo Ashaninka.
Sin esperarlo y sin darnos cuenta, pasamos más de diez horas reunidos, aprendiendo los cantos en lengua indígena, preparando rapé y consagrando con plantas de poder que nos hicieron concentrar las energías en el proceso sagrado de preparación de rapé.

Del proceso de preparación de rapé

La preparación del rapé es un proceso que requiere paciencia y concentración, por eso se tiene que estar dispuesta a romper los lazos del espacio y el tiempo que nos limitan. Olvidar aunque sea por un día, la visión lineal y fija de un mundo sustentado por las cosas superfluas y materiales, en donde importan más las cosas pre-fabricadas y listas para ser usadas, en general desprovistas de una intención más profunda y que muchas veces no son indispensables para la vida.
 En la preparación de rapé todo está relacionado, todo tiene un porque y una intención especifica, el proceso va desde desgajar el tabaco con las manos para después ponerlo a secar al sol durante varias horas, hasta la forma cuidadosa de estar presente en ese espacio y tiempo compartido con los otros; se busca en todo momento y  en cada acción mantener un equilibrio, una armonía y una energía positiva que va influenciar en el poder de la medicina que se prepara, pues ésta servirá para curarnos a nosotros mismos. Así, al mismo tiempo es medicina sagrada de los ancestros y medicina energizada por los que la preparan con cuerpo y espíritu presentes.
Durante todo el proceso el fuego y el agua están presentes, la energía y el calor de la fogata, el humo de la leña traen la fuerza y la energía que resiste, que se crea y se destruye en cenizas, que da luz y calor, para guiar el camino de los espíritus. El agua que limpia y purifica, para hacer fluir las energías y traer vida en movimiento.
Además del espíritu de Wiracocha, se invocó también a la fuerza del jaguar, para tener valentía y audacia como guerreras y guerreros en la lucha por la re-afirmación de la cultura ancestral de la tierra. El espíritu del jaguar, le dedicamos la intención y la energía en la preparación de la medicina de rapé, pues éste es un espíritu aguerrido pero cauteloso; el jaguar da pasos firmes pero cuidadosos, analiza el terreno antes de atacar, es veloz y preciso, tiene la energía y la fuerza del auto-control. Se invoca la destreza y la velocidad del jaguar en la lucha por la supervivencia y por la resistencia de los pueblos guerreros que habitan este continente desde hace miles de años. Estos guerreros y guerreras, son quienes han luchado para conservar gran parte de los conocimientos ancestrales que a su vez han salvado a la tierra de ser depredada y explotada sin límites por aquellos que se piensan (erradamente) detentores de las riquezas naturales de nuestra tierra.



Después de secar el tabaco y quemar las plantas y las raíces secas para usar sus cenizas, se debe de moler y mezclar todo en un mortero de madera del tamaño de un tambor. Durante todo el ritual, los cantos acompañan el ritmo de la madera moliendo y mezclando con energía hasta obtener un polvo que después es pasado por un cedazo para dejarlo fino como ceniza, y poder inhalarlo por la nariz. Como parte del proceso espiritual, también se tomó el “beso del colibrí” que es una toma simbólica de ayahuasca, para ayudar a expandir la conciencia, tener visión y sensibilizarnos con el Gran espíritu de la floresta y con nuestra propia fuerza interior.
La preparación del rapé, es una enseñanza profunda de cómo las cosas que se hacen con dedicación y con consciencia, sin prisa, con la intención de conectarse con las grandes fuerzas del universo cósmico y espiritual, hacen posible sensibilizarse ante la magnitud de las fuerzas ancestrales que habitan en la tierra y en los elementos de la naturaleza; una enseñanza de cómo la misma tierra nos provee la medicina y el alimento, el cobijo y la energía vital que necesitamos para estar en armonía con los otros seres y con el planeta que habitamos.



Una enseñanza que no es valorada desde la visión occidental de la educación contemporánea, y que al contrario, es menospreciada por no ser “científica”, por no seguir los padrones impuestos de la institución académica, que es, desgraciadamente en su mayoría, una enseñanza excluyente, incompleta, fuera de la realidad y desconectada de su pueblo y su contexto geográfico-político. La cultura occidental con sus juicios de valor basados en teorías y conocimientos impuestos, desvaloriza la riqueza y el potencial de los conocimientos ancestrales indígenas. Parecería una estrategia más para exterminar a los pueblos indígenas que nada temen ante las voracidades del Estado represor y sus representantes. 

De la cosmogonía de la floresta.

Los conocimientos ancestrales indígenas son conservados aun por los diferentes pueblos que luchan por preservar sus valores y sus culturas milenarias, amenazadas sistemáticamente por una sociedad que se rige por los valores del consumo, el individualismo... En esta sociedad occidentalizada y "civilizada" el elemento de lo indígena se reduce a un capitulo de la historia antigua, que ha dejado algunos vestigios de sus culturas, que hoy no tienen más vigencia por ser consideradas obsoletas, fuera del orden mundial, cosa del pasado incivilizado. La visión que se tiene comúnmente del indígena es una visión extremamente romántica, que lo coloca como un ser casi mitológico pero sin capacidad de integrarse al mundo moderno, al sistema económico mundial, a la "civilización".
  Por eso la propuesta de una universidad intercultural indígena, busca construir una propuesta de educación propia y original, a partir de prácticas y experiencias relacionadas con las costumbres y tradiciones indígenas. Tiene como objetivo, entre otras cosas, mostrar a la sociedad cómo la comunidad indígena también se manifiesta y se recrea en la vida contemporánea, se encuentra en las ciudades, estudia y trabaja en diversas áreas científicas. Darle su devido lugar a las culturas ancestrales como parte de la sociedad moderna y no solamente como un mito de aventuras que existe en medio de las selvas y bosques del continente. 


A través de la educación, nuestro guía guerrero Ashaninka, nos trae la memoria de la identidad indígena para hacerla presente y reafirmar sus formas de vivir y concebir el mundo. La cosmogonía de la floresta, es una de las formas que posibilitan la transmisión de los conocimientos relacionados a la vida física y espiritual, presentes en las formas de vida indígenas de la floresta amazónica y que a su vez, se puede reconocer de polo a polo, de pacifico a atlántico, en las ciudades y en las selvas, en las escuelas y en los bosques, en el Brasil, en el resto del continente americano y sus pueblos indígenas.
            Pero la educación indígena implica, además de transmitir el conocimiento, entender en la práctica las conexiones que hay entre nuestro cuerpo y los elementos de la naturaleza, implica entender que somos parte de un todo que está en movimiento continuo y que se manifiesta en ciclos de vida y muerte, de muerte y vida, que nunca acaban, que se transforman y se manifiestan de diversas formas. En la cosmogonía de la floresta, el tiempo no está regido por los padrones de productividad y de trabajo de la sociedad capitalista, es un tiempo que pasa sin prisa, sin la exigencia de acelerar procesos que tienen su propio ritmo, que requieren de paciencia y de atención, como el proceso de hacer medicina con la planta del tabaco, o de construir una oca, o el de gestar una vida y criar un nuevo ser. La educación indígena implica estar presente en cuerpo y espíritu, pensar haciendo, reafirmar nuestro potencial como parte del ciclo de la vida.

            Del anarquismo chamanico.

Reivindicar el conocimiento ancestral y espiritual de los pueblos indígenas y usarlo como arma política para manifestar el rechazo al poder institucional del Estado represor, es la base de la lucha y la resistencia indígenas. Los conocimientos “chamanicos” guían y dan fuerza para llevar a cabo esta difícil pero justa tarea.
El anarquismo como filosofía que quiebra con las estructuras de poder, con las jerarquías y con la imposición de padrones sociales que sirven para el sometimiento y la ceguera de ser oprimidos. Desde tal concepción busca entender las relaciones de poder con una perspectiva horizontal, igualitaria, descubrir el poder y la fuerza que cada persona tiene dentro y potencializar esa fuerza para intereses comunes, por el bienestar de todos y no sólo de unos cuantos. De esta forma, el anarquismo chamanico, implica el quiebre de los esquemas y las estructuras políticas y sociales del sistema capitalista, por la búsqueda de una sociedad libre y responsable de la producción y consumo de sus bienes, por la autonomía en comunidad, por la capacidad de aprender haciendo para crear formas de estar en equilibrio con el cuerpo físico y espiritual, por el reconocimiento de la ancestralidad y de las diferentes formas de ver el mundo.
Por eso, el objetivo y motivación principal de esta clase fue el de manifestarse contra la PEC 2015, una ley que implica un retroceso lamentable en la historia de conquistas de los pueblos indígenas sobre sus territorios, dando entrada directa a mega proyectos de agronegócio y explotación salvaje de recursos naturales. Sobre a PEC 215
Sensibilizar e indianizar es la propuesta de la universidad intercultural indígena Aldea Maracaná, como parte importantísima de la resistencia contra el exterminio de los pueblos originarios de América y contra la explotación voraz de los recursos naturales que nos provee la pachamama-wiracocha.
El tabaco, planta de poder sagrada para muchos pueblos indígenas de América, nos trae hoy la sabiduría y la fuerza necesarias para luchar por el derecho a la tierra, que es en donde se puedan preservar y compartir los conocimientos ancestrales en el día a día. Conocimientos que implican una relación armoniosa con la naturaleza para poder usar de forma equilibrada los recursos que ésta nos ofrece, y así poder perpetuar con mayor respeto la especie animal de la que somos parte y la tierra que nos abriga. 

                                                                      Ayaya! 


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