De la conclusión inconclusa



Itacoatiara, Niterói, RJ. 

He estado pensando, pero también he estado viviendo, 

y he llegado a la conclusión que hace mucho andaba buscando,

tiene que ver contigo pero sobre todo conmigo,

con mis cielos grises y mis días tranquilos,

con mis delirios repentinos,

con los buenos días de los vecinos,

con las miradas compañeras,

con las certezas de mis hermanos.

Pero si sigo con la lista,

la conclusión va ser más bien inconclusa

lo cual acepto sin recelo porque al igual que yo

va, viene, viene y va de nuevo

como el murmullo de la música que entra por la ventana.

¿Cómo explicarte que la conclusión no termina?

que va más allá de la propia muerte

porque muertos somos, digo soy,

muerte y vida, vida y sueño.

Nomás no creas que me estoy quedando alto en el cielo

por acompañar el vuelo de las aves,

del águila, de los zopilotes y del halcón solitario,

no creas que la inmensidad del cielo

consume mis horas de desvelo,

no, no es tan simple, nada es tan simple

 y al mismo tiempo no tiene ciencia alguna.

Mi cuerpo no va a la deriva,

va firme siguiendo los tambores

pero también va andando a la orilla del río

y se bambolea con el agua salada.

Es maleable porque es de agua,

es intenso porque es de fuego

y es firme porque es de tierra morena.

Para concluir, te digo que no es cuestión de dos

más bien de la multiplicidad del caos y de la circunstancia

aquella que nos unió un día

como hoy nos separa por miles de kilómetros

y en tiempos plurales, diversos,

por eso sé que mi amor seguirá siempre vivo

aunque yo muera mil veces.

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