De la conclusión inconclusa
y he
llegado a la conclusión que hace mucho andaba buscando,
tiene
que ver contigo pero sobre todo conmigo,
con mis
cielos grises y mis días tranquilos,
con mis
delirios repentinos,
con los
buenos días de los vecinos,
con las
miradas compañeras,
con las
certezas de mis hermanos.
Pero si
sigo con la lista,
la
conclusión va ser más bien inconclusa
lo cual
acepto sin recelo porque al igual que yo
va,
viene, viene y va de nuevo
como el
murmullo de la música que entra por la ventana.
¿Cómo
explicarte que la conclusión no termina?
que va
más allá de la propia muerte
porque
muertos somos, digo soy,
muerte y
vida, vida y sueño.
Nomás no
creas que me estoy quedando alto en el cielo
por
acompañar el vuelo de las aves,
del
águila, de los zopilotes y del halcón solitario,
no creas
que la inmensidad del cielo
consume
mis horas de desvelo,
no, no
es tan simple, nada es tan simple
y al mismo tiempo no tiene ciencia alguna.
Mi
cuerpo no va a la deriva,
va firme
siguiendo los tambores
pero
también va andando a la orilla del río
y se
bambolea con el agua salada.
Es
maleable porque es de agua,
es
intenso porque es de fuego
y es
firme porque es de tierra morena.
Para
concluir, te digo que no es cuestión de dos
más bien
de la multiplicidad del caos y de la circunstancia
aquella
que nos unió un día
como hoy
nos separa por miles de kilómetros
y en
tiempos plurales, diversos,
por eso
sé que mi amor seguirá siempre vivo
aunque
yo muera mil veces.
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