Memoria

                                                                                  

La memoria, aquella que nos hace de raíces, de historias, de tiempo, de recuerdos… A la memoria no hay que perderla por aquello de que nos quedemos sin identidad y perdamos nuestra razón de ser. En cambio, hay que cuidarla y regarla como a una planta para que este siempre viva. 
Una vez  viajaba de regreso a casa, iba con pocas cosas pero con muy buenos momentos en mi mochila, llevaba conmigo una planta, regalo de una buena amiga que me deseó fortuna y amor para que los plantara en mi casa; entonces en el camino me crucé con otra amiga pero una de esas amigas pasajeras, de las que una se encuentra así de repente como si estuviera escrito en algún libro mágico, ella me dijo que mi planta era una “siempre viva” (o al menos eso pensaba ella) y que tener una planta implicaba mucha responsabilidad, habría que cuidarla bien para que no muriera. Pues yo creo que sí, y es por eso que las plantas y los árboles son como la memoria, ellos están ahí viviendo la historia de los pueblos, presenciando las verdades que los libros a veces no cuentan, sufriendo también los males de la injusticia y la inconsciencia de algunos, pero también disfrutando las alegrías y las luchas de muchos otros, y son estos últimos quienes no dejan morir a las plantas, quienes les dan agua y sol para que crezcan y quienes transmiten esa memoria a los que apenas vienen como frutos, como flores a este mundo.
No hay que perderse en el olvido para que nuestras voces siempre se escuchen, para que La Dignidad sea una palabra de todos los días pronunciada por toda la gente. No hay que olvidar que estamos vivos y que el objetivo no es sufrir sino disfrutar, pero para eso hay que luchar. Hay que recordar a aquellos que se olvidaron del miedo para recuperar su dignidad, que se acordaron de que eran personas con las mismas ganas de vivir y de sonreír, se acordaron de que las cosas no eran así, con represión y con injusticia. A la memoria hay que mantenerla viva y eso sí, hay que acordarse de que hay cosas que no se olvidan. Curiosamente mi amiga pasajera era una historiadora de aquellas que tienen plantas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Emprendimiento femenino indígena o el empoderamiento neoliberal

Palabras favoritas: Mariposa

EL ÚLTIMO DÍA